CIENCIA + VIDEOJUEGOS
Durante las últimas décadas, los estudios sobre videojuegos se han centrado principalmente en sus posibles consecuencias negativas, vinculándoselos a la violencia y al uso adictivo. Tanto es así, que en los últimos años la adicción a los videojuegos ha sido incluida en diversos manuales de diagnóstico. Sin negar la existencia de usos problemáticos o incluso adicción en algunos casos, creemos que se ha impuesto una perspectiva excesivamente negativa con los videojuegos que deja de lado potenciales beneficios de los mismos. Hablar de adicción es altamente estigmatizante y con el riesgo de patologizar lo que pueden ser intereses y pasiones humanas.
En este sentido se observa que los juegos cargan varios sesgos y prejuicios que hacen a una subestimante y negativa. Como por ejemplo, el agrupárselos dentro del amplio universo de "pantallas" que incluirá desde programas de televisión y series hasta YouTube y redes sociales. Cuando en la realidad los videojuegos poco comparten con estos contenidos. Se confunde el medio utilizado cuando los videojuegos son esencialmente distintos al ser interactivos y asemejarse con actividades como las deportivas, o más aún, juegos de mesa como el ajedrez o las cartas. Sin embargo suelen vinculárselos en su lugar con ver Netflix o TikTok. Dentro de su gran diversidad, en los videojuegos hay aprendizajes, errores y repeticiones, búsquedas, se desarrollan tácticas y estrategias para la consecución de objetivos. Pero se los junta con actividades pasivas que lejos están de aquellas funciones.
Si un niño mostrara gran interés en jugar al ajedrez o más común aún, de jugar al futbol, ¿se lo trataría como de gustarle los videojuegos? Tomando por ejemplo la serie "Gambito de Dama", que retrata a una niña en su recorrido hacia ajedrecista, practicando jugadas incluso al acostarse mientras visualizaba el tablero en el techo. ¿Alguien habrá interpretado que la serie trata de una niña y su terrible adicción al ajedrez?¿O que los adultos que la fomentaban en su obsesión la estaban corrompiendo? En nuestro país con el futbol rara vez produce inquietud que un chico quiera estar la mayor parte de su tiempo pateando la pelota. En una entrevista de estos años Ángel Di María contaba cómo de niño solo quería jugar al futbol. Como su familia lo apoyaba y la abuela lo llevaba a los entrenamientos, para volver del club y querer seguir jugando en la calle de su barrio. Lejos de pensarse como un comportamiento adictivo sino al contrario. Salvando las diferencias si su pasión hubiera sido jugar al League of Legends o Counter Strike con amigos, difícilmente hubiera sido visto de manera similar o apoyado por sus padres. Mas probable es que hubiera traído preocupaciones y hasta conflictos al hogar.
Es importante ser prudentes en como juzgamos lo que al final del día son juegos practicados por niños. Es entendible la preocupación dada lo novedoso, de rápido crecimiento con cada generación. Pero deben comprender tanto mejor dado que es contradictorio su valoración diferente frente a otras actividades esencialmente similares pero con mayor aceptación cultural. Hablar de adicciones a videojuegos implicaría revisar otras actividades humanas a riesgo de patologizarlas dado que también se practican con enorme interés, tiempo, frustraciones y hasta pudiendo repercutir en otros ámbitos como la escuela. Solo que con estas, por el momento, sin perderse en exageraciones se suele buscar un mayor equilibrios entre actividades o no descuidar obligaciones, lejos de como suele pensarse un mismo actuar o interés con videojuegos. Por el momento no hay evidencia científica certera que respalde una posición claramente. Habrá que continuar estudiando el tema, pero con conciencia de estos aspectos y valoraciones culturales incoherentes que van detrás del tema tal de procurar que su juzgar se apoye en evidencias y comprensión en lugar de prejuicios.
Román Molinero
Psicólogo
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